Quiero retomar la publicación en este blog, aunque siempre hay algo que lo impide. O bien me falta tiempo por los trabajos o los exámenes o bien me sobra con las vacaciones en las que hago de todo menos sentarme mucho tiempo frente a la pantalla del ordenador.
Sin embargo, este blog nació para contar lo que le podía ocurrir a una estudiante de Periodismo en Murcia. Ahora que soy periodista contaré lo que le puede ocurrir a una estudiante del Máster de Investigación Aplicada a Medios de Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid. Sí, ¡me han admitido! No obstante, el camino para continuar mis estudios de postgrado no ha sido tan maravilloso como yo creía, y eso que todavía no ha empezado. Hablo del infierno que sufrí hace unas semanas intentando entrar en un Máster de otra Universidad de la tierra del chotis cuyo nombre no quiero recordar.
Para empezar, da igual la ingente cantidad de números de teléfono que aparecen en la página web. No sirven para nada, nadie lo coge y os lo aseguro yo que los he tumbado todos. Tampoco contestan los correos, ¿para qué? ¿Para solucionar dudas? Bah, apáñatelas como buenamente puedas.
Tonta de mí, me dije, “tú echa la preinscripción de todas formas que ya veremos lo que pasa”. La echo. Me dicen con un correo (automático, por supuesto) que ya me avisarán del día que tengo que ir a hacer la prueba de acceso. Genial. Espero, espero, sigo esperando… nadie me manda nada. Hasta que un glorioso día me dicen en un correo a la 1 y media que tengo que presentarme a las dos a hacer el examen. A LAS DOS. DE ESE MISMO DÍA.
Les llamo para decirles que, a no ser que su departamento de ingeniería haya creado una máquina de teletransporte, me es imposible llegar en media hora a Madrid. ¿Me lo cogen? Ya imagináis la respuesta.
Se hacen las dos y, claro, yo sigo en mi casita de Murcia con la boca abierta de par en par esperando una respuesta a ese comportamiento. Hasta las dos y cuarto, cuando llega a mi correo un documento con las notas del examen. Pienso que todos vivirán acampados justo al lado de la Facultad, porque sino no sé a quién le ha dado tiempo a plantarse en un examen del que ni siquiera han dicho el aula. Y además, qué rápido han corregido, ¿no? Podrían tirarse en plancha a coger el teléfono con la misma rapidez.
Mi nombre sale en la lista y… tengo un 3. ¿Un 3 de qué? ¿De reventar los teléfonos? Decían que para hacer la matrícula había que tener un 5 o más, pero es que la nota más alta de la lista es un 5. Además, el listado va por nombre y apellidos (muy bueno para la intimidad, sí señor) y resulta que al menos un 30% de los que se presentaron son chinos o japoneses (los apellidos como Li, Xiao o Wang no me suenan de Valladolid). No sé cuántos chinos hay en Madrid, pero ¿tantos se presentaron al Máster? ¿Qué está pasando en esa Universidad?
En fin, fue un batacazo porque el Máster tenía buena pinta pero, francamente, si así eran las cosas antes de entrar, no sé lo que tendría que hacer para echar un par de papeles si hubiese estado dentro.





2 comentarios:
Si para entrar tienes que pasar esa odisea, imagina la calidad del máster, sin saber en qué aula, ni quién lo imparte, ni a la hora, etc., etc.
Tenía buenas referencias de la universidad en cuestión, pero no del Máster. Y sí, después de la odisea, ni me hubiese planteado quedarme allí!
Gracias por pasarte y comentar. ¡Un saludo!
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