Un ejemplo es el de “París, je t’aime”. Me sonaba el nombre de la película, pero no la he visto hasta hace un par de días y me ha gustado. Quizá llamarla “película” no sea lo más adecuado, ya que es un largometraje compuesto por dieciocho cortos. Cada uno de ellos cuenta su propia historia en un lugar distinto de París, con distintos personajes y distintos directores, aunque todos coinciden en mostrar algún grado de amor en esos pocos minutos.
Es curioso ver cómo casa cada historia contada de un modo tan distinto. Hay algunos que más o menos podrían cuadrar fácilmente, como el de Alfonso Cuarón o el de Gus Van Sant, pero luego encuentras otros más extraños como el de Vincenzo Natali que utiliza Quartier de la Madeleine para mostrar de un modo tétrico el amor entre un mortal Elijah Wood y una vampiresa Olga Kurylenko; o el de Isabel Coixet, en el que sus personajes apenas dicen una palabra pero la historia es contada por una voz en off; o el de los hermanos Coen, que demuestran ser, como siempre, tan particularmente geniales con Steve Buscemi como protagonista de su relato.
He intentado encontrar mi favorito entre todos ellos, pero cada uno es exquisito en su esencia. Así que me quedo con algunas frases y fotogramas de la película.
¿Cómo vas a ser feliz con una persona que te trata como a una persona normal?
Si te vas a casar conmigo deberias saber cuando miento, es fundamental.
Hay veces que la vida exige un cambio. Una transición. Como las estaciones. Nuestra primavera fue maravillosa, pero el verano se ha terminado y nos perdimos el otoño. Y ahora, de repente, hace frío, tanto frío que todo se está congelando. Nuestro amor se ha dormido y la nieve lo tomó por sorpresa. Y si te duermes en la nieve no sientes venir a la muerte.
De tanto comportarse como un hombre enamorado, volvió a enamorarse.
Allí sentada, tan sola, en un país extranjero, lejos de mi trabajo y de toda la gente que conozco, me asaltó un sentimiento. Era como si recordara algo que nunca había conocido o que siempre había esperado. Pero no sabía qué era. Tal vez fuera algo que había olvidado o algo que me hubiera faltado toda la vida. Solamente puedo deciros que sentía al mismo tiempo alegría y tristeza. Pero no demasiada tristeza, porque me sentía viva. Sí, viva. Ese fue el momento en que empecé a querer a París. Y también fue el momento en el que sentí que París me quería a mí.










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