Ya sé que en mi última entrada decía que a veces prefería ver películas que no estaban recién estrenadas a ir al cine, pero he hecho una excepción.
Quería ver “Cisne negro” desde que escuché hablar de ella, aunque más por los nombres que suenan dentro de la película que por el argumento.
Descubrí al director Darren Aronofsky con “La fuente de la vida” (película que, seré sincera, creo que aún no he pillado del todo) y más tarde vi “Réquiem por un sueño”. Tiene un estilo propio que le diferencia de los demás. Es como cuando lees un artículo de Arturo Pérez Reverte o escuchas una canción de Diana Krall: son inconfundibles. Con Aronofsky me pasa como con David Lynch, hay muchos aspectos de sus películas que se me escapan, pero eso no significa que no adore su trabajo.
Luego está la siempre magnífica y bella Natalie Portman, que merece, y mucho, el Oscar al que está nominada. Representa a la perfección el papel de frágil y temeroso cisne blanco, pero al final sabe convertirse en el oscuro y malvado cisne negro.
Otros de los nombres que resuenan en la película es el de la casi desconocida Mila Kunis, que yo hasta el momento sólo había visto en la serie “Aquellos maravillosos 70” y que explota su aspecto despreocupado y seductor; Vincent Cassel, que tiene los rasgos perfectos para hacer de duro director de la compañía de danza; y Winona Ryder, que no tiene ni una mención en el cartel, que no se pone ni una vez de puntillas en toda la película y a la que además hay que buscar con lupa en las dos horas largas que dura el film.
“El lago de los cisnes”, de Tchaikovski, es el elemento principal de la banda sonora. Es la obra que va a representar la compañía con la novedad de que el cisne blanco y el cisne negro serán interpretados por la misma persona. La Reina Cisne, como no puede ser de otra manera, es Nina Sayers (Natalie Portman), una bailarina que busca la perfección en cada paso. Eso sí, aunque su técnica y su actitud es perfecta para ser el cisne blanco, debe encontrar su lado oscuro para interpretar al otro. Un lado oscuro que encuentra en Lilly, una compañera de ballet recién llegada de San Francisco. Y en medio de todo están las alucinaciones de Nina que, en muchos casos, pueden herir la sensibilidad del espectador.
La película, en líneas generales, me ha gustado, aunque el final sea bastante predecible. Ha arrancado críticas buenas y malas por doquier. No es una película al uso, hay que ir preparado y concienciado para no perderse ni un segundo. En mi humilde opinión, cumple su objetivo: muestra la locura de la bailarina por alcanzar la perfección con un desarrollo de suspense psicológico y con una cámara muy bien colocada, sobre todo en las escenas de baile. Una buena película que promete llevarse a casa alguna estatuilla.
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