El jueves por la noche, a partir de las 7 y cuarto, en el Moneo hubo una conferencia sobre los modelos de televisión para una sociedad convergente. Sobre todo se centró en la TDT, pero lo importante de esto es que allí se encontraban el Presidente de UTECA y del Grupo Telecinco, Alejandro Echevarría, y el Secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información, Francisco Ros.
Toda la conferencia versó sobre la TDT, la televisión pública y privada, etc. Pero lo mejor de todo fue la ronda de preguntas.
Mis compañeras de clase y yo estábamos cansadas y con ganas de irnos, pues se había hecho tarde, pero una chica levantó la mano y logró sentarnos a todas con su comentario.
Dijo que lo que ella quería expresarles a los hombres no era una pregunta, sino una idea personal y soltó algo así como que deberían tener en cuenta que, en televisión, que algo dé dinero no significa que guste ni que sea de calidad.
Nos quedamos perplejas ante esta valentía pero, ni cortas ni perezosas, nos pusimos a aplaudir y contagiamos el aplauso a todos los que pensaban igual que esta chica.
La cara de ambos ponentes era para verla, probablemente no se imaginaban que a nadie se le ocurriría decir lo que todos hemos pensado en algún momento de nuestras vidas.
Ésa chica, a la que no vi bien y no podría reconocer si me la tropezase, se atrevió a decir algo que planeaba por todas nuestras cabezas a las personas que de verdad tienen que saber que la gente a pie de calle aborrece los programas basura (que abundan en Telecinco, dicho sea de paso que la chica escogió bien a quien debía decírselo).
La contestación de los hombres fue que ellos se basan en unos estudios de audiencia para escoger sus programas, es decir, que ponen lo que la mayor parte de la gente quiere ver.
Yo no conozco a nadie que tenga un audímetro en su casa, pero conozco a bastantes personas que cambiarían de buen gusto toda la programación de arriba a abajo con tal de encender el aparato y encontrarse algo bueno. No creo que seamos una minoría subversiva los que reclamamos una televisión de calidad, me niego a creer que somos pocos los que aborrecemos todos esos programas estúpidos que nos intentan llenar la cabeza de tonterías.
Apenas veo televisión, sólo los informativos y alguna que otra serie si me pilla de paso, pero es que tampoco la echo de menos. No ponen una programación de acuerdo a mis necesidades y gustos y supongo que no soy la única que piensa así.
Programas que se dedican a desmenuzar la vida privada de gente famosa, “realities” y programación basura es lo que llena hasta arriba los televisores españoles.
Vamos, que si los niños solo tuviesen la televisión como medio de entretenimiento, los tendríamos a todos sacando sobresalientes, porque no hay nada que pueda interesar mínimamente.
Creí que me aburriría en esa conferencia, pero la verdad es que fue muy enriquecedor esperar hasta el final para escuchar ese comentario. Todos deberíamos hacer un manifiesto así, reclamando lo que de veras deseamos ver cuando encendemos el televisor.
La chica eligió bien a quien debía decírselo y, aunque no sepamos quien es, se convirtió esa noche en un estandarte por la calidad en televisión.
Desgraciadamente, por mucho que no sea ella sola la que piense así, creo que de poco valdrá ese valiente comentario que hizo a quienes más lo merecían.