viernes 24 de febrero de 2012

Tres horas en un segundo

“Hace seis días un hombre voló en pedazos al borde de una carretera en el norte de Wisconsin”. Una joven sentada en el suelo sostiene “Leviatán” en su regazo mientras lee esta frase con la que comienza el libro. Otro chico cerca de ella relee por enésima vez “Sunset Park”, aunque la mayor parte de los que cubren el suelo en el Fnac de Castellana devoran “Diario de invierno” mientras esperan a que su autor venga a firmar los libros.

Paul Auster es el gran invitado del día en esta tienda que ha sido decorada con esmero ambientándose en Nueva York, la ciudad en la que se desarrolla la trama de su último libro. Hay paredes cubiertas con imágenes de la Estatua de la Libertad, empleados que reparten a todo el mundo botellas de agua, galletas, muffins y rosquillas, y hasta una banda compuesta por dos guitarras y un cello ameniza con blues la espera de las decenas de personas que aguardan impacientes.

“No creí que fuese a venir tanta gente”, dice una chica sentada casi al principio de la fila, “aunque yo llegué a las 5 y media”. La firma está previsto que empiece a las 8 y media, ¿por qué has venido tan temprano?, le pregunto. Sonríe y responde “por si acaso”.

La banda deja de tocar y un televisor enorme de plasma retransmite en streaming el coloquio que se desarrolla unas plantas más arriba en el que el cineasta y escritor Vicente Molina Foix le hace preguntas de todo tipo a Auster frente a una audiencia limitada.

Ya son las 8 y cientos de personas dan la vuelta a media manzana, esperando. Algunos han salido de trabajar a las 7, otros no creían que fuese a haber tanta gente y no han sido tan precavidos como la chica del principio y otros simplemente preguntan a los de la fila que qué hacen ahí.

- ¿Qué hoy firma libros Paul Auster? Vaya, no me había enterado. –dice un chico apesadumbrado tras preguntar a un matrimonio.

Media hora después, el coloquio entre Auster y Molina Foix toca a su fin. Pocos minutos tarda el escritor en llegar a la planta baja entre flashes de cámaras, miradas expectantes y, lo más importante, entre los aplausos de los fans que llevan horas allí.

Cuando esperas algo tan ansiado, los pocos segundos que pasas frente a uno de tus escritores favoritos te saben a poco. Muchos de los que salen con sus ejemplares firmados se quejan de que no los ha dedicado, sino que se ha limitado a estampar su firmar en la primera página. No obstante, a la mayoría no le importa haber esperado tanto tiempo, ya que tienen entre sus manos un libro que ha ganado un gran valor en el segundo que ha tardado Auster en trazar un garabato.


Más imágenes de la firma de libros AQUÍ

sábado 19 de noviembre de 2011

Crisis, cosas y Bruno Latour

El Máster me absorbe buena parte de las horas que paso despierta cada día, pero aquí llego después de unos cuantos meses con un nuevo post.

Madrid, genial. Las calles enormes llenas de gente, el ambiente en el que siempre hay algo que hacer, los museos interminables y los paseos otoñales bajo una lluvia de hojas secas, entre otras cosas. Estoy encantada con Madrid y también con la Universidad. Estoy leyendo tantos libros y artículos que soy incapaz de recordar los nombres de todos.

Aparte de los libros y las clases, de vez en cuando nos traen a alguien para que nos dé una charla. Vino Pepe Cerezo de PRISA Digital a hablarnos de los medios ante la convergencia; también Arsenio Escolar a desvelarnos verdades y mentiras sobre 20Minutos; el profesor José María Álvarez nos presentó su libro “La televisión etiquetada” y el último en pasarse por la Carlos III ha sido el catedrático de la Universidad de Viena, Jörg Türschmann, para ponernos al día sobre la obra de Bruno Latour.

Seré sincera: ni conocía la obra de Latour antes, ni me quedó muy clara durante la exposición. Türschmann mencionó a una gran cantidad de filósofos, sociólogos y teóricos de la comunicación, habló sobre la crítica que hacía Latour del documental austriaco “Let’s make money” y repitió hasta la saciedad la palabra “cosa”. “Un actor es una cosa que puede ser humana o no humana. Hay una entidad filosófica que se llama cosa y que lo contiene todo”. Y así durante largo rato.

La cosa en cuestión es que muchos no nos enterábamos de nada, pero entre la vorágine filosófica y teórica pude sacar un par de ideas que me parecieron interesantes.

Una de ellas es que un término crucial para Bruno Latour es “crisis”, y no sólo la económica actual, sino la crisis como momento de cambio extraordinario. Evitamos a toda costa estar en lo más bajo de la escala, cuando es ahí cuando apreciamos lo que está en lo más alto. Esto nos permite cambiar, mejorar y no dormirnos en los laureles ni acomodarnos en una determinada situación.

Otra idea que me resultó curiosa fue que, para Latour, no podemos hablar de “nosotros”, porque estamos en constante cambio. En un momento dado “nosotros” podemos ser una clase de Máster y, al segundo siguiente, un grupo de desconocidos subidos en un tren. “No sabemos quiénes somos nosotros porque no sabemos qué nos une”, dijo Türschmann. Bueno, puede que yo no sea una entendida en este campo, pero creo que precisamente lo que nos une, es ser nosotros.

Por ejemplo, mañana seremos nosotros, los españoles, los que elijamos al partido político que nos va a gobernar los próximos años. Y, desde luego, seremos nosotros los que nos comamos con patatas todas las reformas que le tocará hacer al ganador. Por cierto, ¿se puede llamar “ganador” al que le toque lidiar con todo este berenjenal? Menuda crisis terminológica.

lunes 12 de septiembre de 2011

Despedida televisiva

Después de algo más de dos años, me despido de mis prácticas en televisión. Ha sido mucho tiempo lleno de vivencias, de trabajo duro y, sobre todo, de alegría. Gracias a este tiempo elaborando noticias me he dado cuenta de que es precisamente esto lo que quiero hacer. Me encanta y veo muy difícil dejar de escribir sobre actualidad tras una temporada haciéndolo.

En un correo de despedida que he enviado a todos mis excompañeros escribía una cita de John Irving que Nuria me enseñó una vez y que no se me ha olvidado: “Si eres lo bastante afortunado para descubrir una forma de vida que te guste, debes tener el coraje de vivirla”. No encuentro una forma mejor de explicar lo que siento.

Ahora me quedan los buenísimos recuerdos de estos dos años en los que os he estado dando la vara con mis cosas: las dos veces que entrevisté a Second (y mis otras entrevistas musicales), la primera acreditación que me dieron como “Prensa” que guardo como oro en paño, cuando por poco me despeñé por la Sima de las Palomas para entrevistar a Michael J. Walker (creo que esto no lo conté aquí pero fue toda una aventura), la de veces que me he perdido con un cámara para encontrar algún lugar alejado de la mano de Dios y las muchas más veces que he escuchado “nena, ¿esto cuándo sale?”. Y esto es sólo la punta del iceberg.

También tengo que dar las gracias a todos los cámaras, redactores, editores, productores, realizadores, transfers, documentalistas, gente de ingesta y muchos más con los que he tratado y que me han enseñado muchísimo sobre este mundillo. Estoy segura de que todo lo aprendido no caerá en saco roto.

miércoles 7 de septiembre de 2011

Verano de cine: Algo prestado

He empezado una pequeña serie de posts con comentarios sobre las películas que he visto durante este verano. El primero fue sobre la última de Harry Potter y hoy voy a desmenuzar “Algo Prestado”. Bueno, quizá “desmenuzar” no sea el verbo más apropiado ya que no hay mucho que ver.

Debo reconocer que me gustan las comedias románticas (no me apedreéis, por favor), aunque tengo mis normas. Por ejemplo, me gusta que me hagan reír por cosas con sentido y no por algo absurdo de risa fácil, y esto es algo bastante difícil. También me gusta ver personajes bien construidos con una personalidad definida y una historia de amor que no sea el topicazo del siglo. Estos son sólo algunos de los puntos que debe cumplir una buena comedia romántica para mí, y “Algo prestado” no los cumple ni de lejos.



Revisemos la historia basada en la novela de Emily Giffin: Rachel, una chica con todas sus virtudes y complejos se enamora perdidamente de Dex, un compañero de clase en la Universidad. Como sus complejos pueden más que sus virtudes, nunca da un paso que lleve la amistad que les une a un estadio superior. Y cuando se decide a hacerlo, o eso parece, entra en escena su amiga del alma, Darcy, la que siempre se ha llevado a todos los chicos, la que siempre anda fardando de lo que ha conseguido (aunque sea mentira) y que, por supuesto, es más fresca que el mes de enero. ¿Qué hace la buena de Rachel al lado de esta tipa? Ni idea, será cierto eso de que los polos opuestos se atraen.

Por supuesto, Darcy se lleva al chico guapo durante mucho tiempo hasta que ocurre algo que hace girar las tornas. No explico más el argumento porque, como siga hablando de él, me saldrá una úlcera. Pasemos a los protagonistas:

- Rachel la acomplejada”: Ginnifer Goodwin siempre aparece como “amiga de la chica”, ha hecho pocos papeles como protagonista y, por lo visto, hasta en estos actúa como “amiga de la chica”.
- Darcy la fresca”: Kate Hudson, la amiga gorrona que ha demostrado bastante gracia en otras comedias románticas pero que en esta hace un papel bastante pésimo.
- Dexel chico”: Colin Egglesfield cumple con su papel de chico guapo, no le pidamos más.
- Ethanel amigo de Rachel”: John Krasinski ha aparecido en otras películas aunque es más conocido por haber participado en el reparto de la serie The Office. Ha escogido con más o menos acierto otros papeles, por eso me extraña que haya participado en este bodrio film. Es la única voz de la conciencia en la película, el único con una pizca de racionalidad y de carisma. Su fallo: enamorarse de Rachel.

La combinación de escenas del pasado, cuando Rachel y Dex estudiaban en la Universidad, con las escenas del presente, cuando acaban en la cama a pesar de que Dex y Darcy se van a casar, es probablemente uno de los mejores aciertos de la película (con esto lo digo todo). En fin, siendo una comedia romántica, podéis imaginar cómo acaba. O podéis no imaginar nada ya que me parece que “Algo prestado” es una película destinada al olvido o a la sobremesa de los sábados en Antena 3, que en muchos casos viene a ser lo mismo.

miércoles 31 de agosto de 2011

Verano de cine: Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 2

Este está siendo un verano “de cine” y no porque esté viviendo mil aventuras, sino porque estoy aprovechando el tiempo libre para desconectar en un butacón frente a una pantalla inmensa y un puñado de palomitas.

Una de las películas que he ido a ver es la última y esperadísima Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 2. Soy fan de los libros de Harry Potter desde que empecé a leerlos hace diez años, me enganché a sus adaptaciones al cine en cuanto empezaron a hacerlas y al fin ha terminado todo. Bueno, todo no, los más acérrimos al chaval de la cicatriz en la frente tienen Pottermore, aunque hay que reconocer que ya no será lo mismo, ya hay una gran etapa de nuestra vida cerrada.



Centrándome más en la película, tocaré pocos puntos. La trama es de sobra conocida: el final de la saga que no pudieron cerrar en la anterior por miedo a hacer una película excesivamente larga. Es probable que con unos cuantos recortes se hubiese podido hacer perfectamente, pero no ha estado del todo mal separarlas. Aunque eso sí, me pareció que había demasiada acción. Vale, ya, era la hora de acabar con el-que-no-debe-ser-nombrado, pero esa no era excusa suficiente como para dejar en un segundo plano las escenas más emotivas. Entré en el cine segurísima de que lloraría a moco tendido y salí con los ojos más secos que Mourinho.

Los efectos especiales de una calidad impecable y las interpretaciones en su línea, como en las películas anteriores. Ninguno de los actores recibirá un Óscar pero a los seguidores de la saga nos vale.
Ahora nos toca frotarnos las manos mientras esperamos a que salga el pack especial que se hará seguro en pocos meses con todos los DVD’s.

En próximos capítulos, “Algo prestado”.

martes 9 de agosto de 2011

Receta básica de magdalenas

No, no os habéis equivocado de blog. Sigo siendo yo, pero hace tiempo que me gusta cocinar y nunca había compartido ninguna de mis recetas. Ahora me ha dado por la repostería, he comprado unos moldes de silicona para hacer magdalenas y resulta que en Internet hay muchas formas de preparar distintos tipos de magdalenas... pero pocas que expliquen cómo se hacen las más normalitas.

Así que aquí me pongo manos a la obra explicándolo de manera sencilla con lo que yo tengo para medir en casa: cucharas y vasos. Para unas 12 magdalenas pequeñas se necesita:
- Medio vaso de aceite
- Un vaso de azúcar
- 2 huevos
- Medio vaso de harina
- Un cuarto de vaso de levadura
- Una pizca de sal
- Opcional: Esencia de vainilla. También hay algunas que llevan medio vaso de leche, pero eso ya va por gustos.

Batimos los huevos en un bol echándoles una pizca de sal y le añadimos el azúcar, el aceite y un poco de esencia de vainilla sin dejar de batir. En otro bol mezclamos la levadura y la harina y la vamos agregando poco a poco al bol de los huevos sin dejar de batir para que no se hagan grumos. Cuando la masa está lista y algo espesa, engrasamos los moldes de las magdalenas con un poco de aceite para que no se pegue. Llenamos con la masa hasta un poquito más de la mitad del molde y lo metemos al horno durante 20-25 minutos a 180º.

Cuando haya pasado ese tiempo podemos pincharlas con un tenedor para comprobar que están listas, las sacamos del horno, dejamos enfriar un poco y desmoldamos.

El resultado queda algo así
Las 6 más oscuras no es que se me hayan quemado, es que he aprovechado la mitad de la masa para hacerlas de chocolate echándole tres cucharas soperas colmadas de chocolate en polvo (personalmente me gusta más el Valor). Et voilà!

También se puede echar un poco de azúcar por encima a la masa antes de meter las magdalenas en el horno, u otras cosillas como unas nueces, sésamo o algo que os guste.

Si os encantan las magdalenas/muffins y no tenéis tanto tiempo para hacerlas o sois algo más vagos, siempre podéis recurrir a esta receta de brownie al microondas que dura sólo tres minutos.

viernes 5 de agosto de 2011

El infierno de las preinscripciones

Quiero retomar la publicación en este blog, aunque siempre hay algo que lo impide. O bien me falta tiempo por los trabajos o los exámenes o bien me sobra con las vacaciones en las que hago de todo menos sentarme mucho tiempo frente a la pantalla del ordenador.

Sin embargo, este blog nació para contar lo que le podía ocurrir a una estudiante de Periodismo en Murcia. Ahora que soy periodista contaré lo que le puede ocurrir a una estudiante del Máster de Investigación Aplicada a Medios de Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid. Sí, ¡me han admitido! No obstante, el camino para continuar mis estudios de postgrado no ha sido tan maravilloso como yo creía, y eso que todavía no ha empezado. Hablo del infierno que sufrí hace unas semanas intentando entrar en un Máster de otra Universidad de la tierra del chotis cuyo nombre no quiero recordar.

Para empezar, da igual la ingente cantidad de números de teléfono que aparecen en la página web. No sirven para nada, nadie lo coge y os lo aseguro yo que los he tumbado todos. Tampoco contestan los correos, ¿para qué? ¿Para solucionar dudas? Bah, apáñatelas como buenamente puedas.

Tonta de mí, me dije, “tú echa la preinscripción de todas formas que ya veremos lo que pasa”. La echo. Me dicen con un correo (automático, por supuesto) que ya me avisarán del día que tengo que ir a hacer la prueba de acceso. Genial. Espero, espero, sigo esperando… nadie me manda nada. Hasta que un glorioso día me dicen en un correo a la 1 y media que tengo que presentarme a las dos a hacer el examen. A LAS DOS. DE ESE MISMO DÍA.

Les llamo para decirles que, a no ser que su departamento de ingeniería haya creado una máquina de teletransporte, me es imposible llegar en media hora a Madrid. ¿Me lo cogen? Ya imagináis la respuesta.

Se hacen las dos y, claro, yo sigo en mi casita de Murcia con la boca abierta de par en par esperando una respuesta a ese comportamiento. Hasta las dos y cuarto, cuando llega a mi correo un documento con las notas del examen. Pienso que todos vivirán acampados justo al lado de la Facultad, porque sino no sé a quién le ha dado tiempo a plantarse en un examen del que ni siquiera han dicho el aula. Y además, qué rápido han corregido, ¿no? Podrían tirarse en plancha a coger el teléfono con la misma rapidez.

Mi nombre sale en la lista y… tengo un 3. ¿Un 3 de qué? ¿De reventar los teléfonos? Decían que para hacer la matrícula había que tener un 5 o más, pero es que la nota más alta de la lista es un 5. Además, el listado va por nombre y apellidos (muy bueno para la intimidad, sí señor) y resulta que al menos un 30% de los que se presentaron son chinos o japoneses (los apellidos como Li, Xiao o Wang no me suenan de Valladolid). No sé cuántos chinos hay en Madrid, pero ¿tantos se presentaron al Máster? ¿Qué está pasando en esa Universidad?

En fin, fue un batacazo porque el Máster tenía buena pinta pero, francamente, si así eran las cosas antes de entrar, no sé lo que tendría que hacer para echar un par de papeles si hubiese estado dentro.

miércoles 13 de julio de 2011

22

Mañana cumplo 22 años. Para unos es mucho, para otros es poco, para mí está genial.

Hace unos días que me dieron el certificado de notas y el título. Sí, ya soy oficialmente Licenciada en Periodismo con una nota media por encima de 8, que no está mal.

He estado un tiempo dando vueltas dentro de mí misma, pensando en qué iba a hacer con mi vida. Desde pequeña he estudiado para ir a la Universidad, y ahora que terminaba, se me venía encima un vacío existencial en el que me lo he planteado todo: con lo mal que está el mercado laboral, ¿encontraré trabajo? ¿sigo sacándome carreras? ¿hago algún Máster?

Al final la idea del Máster ha sido la que más ha pesado, y estoy a la espera de que me digan si he sido admitida en uno de la Universidad Carlos III de Madrid. Mientras tanto, haré mi ya tradicional balance de cumpleañera, sobre todo porque este año ha sido especialmente importante.

He cumplido dos años como redactora audiovisual en televisión, he acabado la carrera después de cuatro largos y duros años entre dos universidades, he adoptado un papel más activo en Qué Hacer En Murcia como social media y me he divertido yendo a conferencias, cursos, talleres y, sobre todo, a fiestas con los compañeros y amigos que he hecho en este tiempo.

Sé que el futuro para alguien que acaba de estudiar Periodismo es muy negro. Hay una gran crisis económica, un alto porcentaje de paro juvenil y muchos medios están echando el cierre. Sin embargo, si no le echo cara y ánimo a las cosas, nadie lo va a hacer por mí. Aunque no me admitan en Madrid, tengo guardados varios ases en la manga. Y es que estudiar una carrera que nadie te recomienda en unos tiempos poco apropiados hace que aprendas a no darte nunca por vencido. Continuará…

jueves 16 de junio de 2011

Enamocciada

Cuando no estoy estudiando, estoy trabajando, o leyendo, o haciendo otras cosas que consumen mi tiempo sin darle un pequeño espacio al aburrimiento.

Hace mucho que no me paso por aquí precisamente porque aún me queda un examen por hacer, aunque todos los demás están aprobados y espero poder proclamar dentro de poco que soy al fin periodista. Pero periodista de las que tienen la carrera terminada, ya que hace dos años que ejerzo de tal como becaria.

El caso es que además dentro de poco será mi cumpleaños y vendrá el tradicional balance de “cómo estaba hace un año y cómo estoy ahora”. Pero para no adelantarme, hablaré de otra de las cosas que he mencionado antes: la lectura.

El lunes 13 vino a Murcia Federico Moccia para firmar ejemplares de sus libros. Normalmente los escritores firman sus últimos libros, aunque en este caso este italiano firmó hasta casi en las paredes, porque había gente que llevaba incluso siete u ocho libros en las manos.

Todo hay que decirlo, hasta el lunes no había leído nada suyo, aunque más por pereza que por cualquier otra cosa. Vas a una librería, ves un libro que te llama la atención y que todo el mundo comenta, pero piensas “ya me lo compraré otro día”. Hasta que, claro, el escritor en cuestión visita tu ciudad y no se te ocurre otra cosa que tragarte dos horas de cola para que en tu ejemplar bien nuevecito y aún sin leer de “Perdona si te llamo amor” te plasme un “A Ruth, amore per te!”.

Sí, habéis leído bien, DOS HORAS DE COLA. ¡Quién me iba a decir a mí que en plena temporada de exámenes y selectividad aquello se iba a llenar de jovencitas nerviosas que esperan encontrar su Alessandro treintañero a la vuelta de la esquina! Porque otra cosa no, pero quinceañeras había para rato. Para dos horas y más, exactamente.

Al menos ha sido una buena inversión, en pocos días me he merendado 680 páginas de romance y frases empalagosas que me han devuelto a aquel verano en que me dediqué a leer novelas románticas (distinto verano al pasado, en que me dio por Jane Austen). Y aunque ha recibido muchas críticas e incluso yo misma cambiaría cosas sobre el argumento, el desarrollo o la forma en que está escrito, también es verdad que gracias a él he descubierto muchas frases de distintos autores como una de William Hazlitt que dice que “la creación nace de un rayo, de un error respecto al curso habitual de las cosas. No hacemos nada bien hasta que dejamos de pensar en el modo de hacerlo”.

Muy buena, ¿eh? Otra bastante más dulce, del propio Moccia dice que “el amor más hermoso es un cálculo equivocado, una excepción que confirma la regla, aquello para lo que siempre habías utilizado la palabra “nunca”.”

También es bonita, aunque me quedo con una de Émile Cioran:
Un libro debe hurgar en las heridas, provocarlas, incluso. Un libro debe ser un peligro”.